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Conciencia e Identidad de América

de Alejo Carpentier

Los latinoamericanos de mi generación conocieron un raro destino que bastaría por sí solo, para diferenciarlos de los hombres de Europa: nacieron, crecieron, maduraron, en función del concreto armado... Mientras el hombre de Europa nacía, crecía, maduraba, entre piedras seculares, edificaciones viejas, apenas acrecidas y anacronizadas por alguna tímida innovación arquitectónica, el latinoamericano nacido en los albores de este siglo de prodigiosos inventos, mutaciones, revoluciones, abría los ojos en el ámbito de ciudades que, casi totalmente inmovilizadas desde los siglos XVII o XVIII, con un lentísimo aumento de población, empezaban a agigantarse, a extenderse, a alargarse, a elevarse, al ritmo de las mezcladoras de concreto. Parecida a La Habana de Humboldt era todavía la que transité en mi infancia; el México que visité en 1926 era, todavía, el de Porfirio Díaz; muy semejante aún a la de Caracas que describió .José Martí, fue la Caracas que conocí en, 1945.

Y, de repente, he aquí que las amodorradas capitales nuestras se hacen ciudades de verdad (anárquicas en su desarrollo repentino, anárquicas en su trazado, excesivas, irrespetuosas en su ají de demoler para remplazar) y el hombre nuestro, consustanciado con la urbe, se nos hace hombre—ciudad, hombre-ciudad-del-siglo-XX valga decir: hombre-historia-del-siglo-XX, dentro de poblaciones que rompen con sus viejos marcos tradicionales, pasan, en pocos año,  por las más tremendas crisis de adolescencia y comienzan a afirmar con características propias, aunque en atmósfera caótica y desaforada.

El latinoamericano vio surgir una nueva realidad en esta época, realidad en la que fue juez y parte, animador y protagonista, espectador atónito y actor de primer plano, testigo y cronista, denunciante o denunciado. “Nada de lo circundante me es ajeno “, hubiese podido decir, parafraseando al humanista renacentista. “Esto lo hice yo, aquello, lo vi construir; lo de más allá, lo padecí o lo maldije. Pero formé parte del espectáculo -bien como primera figura, bien como corista o comparsa- ‘ . . Pero, plantado el decorado, puestas las bambalinas, colgados los telones, hay que ver, ahora, lo que habrá de representarse - comedia, drama o tragedia - en el vasto teatro de concreto armado.

Y ahí es donde se plantea el verdadero problema: ¿Con qué actores habremos de contar? ¿Quienes serán esos actores?... Y para empezar…¿quién soy yo, qué papel seré capaz de desempeñar? y, más que nada... ¿qué papel me toca desempeñar?. . . Eterna revivencía del “conócete a ti mismo”.

Pero, de un “conócete a ti mismo que se formula por primera dificultad, en un mundo - el que circunda nuestras ambiciones e irreverentes ciudades. modernas, que, para decirlo francamente, conocíamos muy mal hasta ahora, y que sólo ahora (de pocos años a esta parte: medio siglo apenas) estamos empezando a calar en profundidad. Lejos quedaron los días en que 1 os famoso.’ y engreídos “científicos” de Porfirio Díaz, en fechas de conmemoración de centenario de la independencia mejicana, proclamaban intrépidamente que estaban despejados todos los enigmas de nuestro pasado precolombino. Lejos quedaron los días en que contemplábamos nuestros grandes hombres de ayer desde el mirador único de una devoción que excluía todo enfoque crítico, todo intento de relacionarlos, por encima del tiempo, con lo inmediato y contingente.

..Lejos quedaron los tiempos en que veíamos nuestra historia como una mera crónica de acciones militares, cuadros de batallas, intrigas palaciegas encumbramientos y derrocamientos, en textos ignorantes del factor económico étnico, telúrico, de todas aquellas realidades subyacentes, de todas aquella pulsiones soterradas, de todas las presiones y apetencias foráneas imperialista; por decirlo todo- que hacían de nuestra historia una historia distinta a las demás historias del mundo.

Historia distinta, desde un principio, puesto que este suelo americano fue teatro del más sensacional encuentro étnico que registran los canales de  nuestro planeta: encuentro del indio, del negro, y, del europeo de tez más o menos clara, destinados, en adelante, a mezclarse, entremezclarse, establecer simbiosis de culturas, de creencias,. de artes populares, en el más tremendo mestizaje que haya podido contemplarse nunca. . “Tenemos que ser originales”- solía decir Simón Rodríguez maestro del Libertador. . Pero, cuando tales palabras pronunciaba, no había que hacer ya el menor esfuerzo por ser originales - pues éramos ya, originales, de hecho y de derecho, mucho antes de que el concepto de originalidad se nos hubiese ofrecido como meta.

No incurre en vana jactancia americanista quien puede afirmar hoy, en perfecto conocimiento de causa que, antes de que lo contemplaran los conquistadores españoles sin entenderlo, se nos ofrecía en el Templo de Mitla, en México, la perfecta culminación de un arte abstracto largamente madurado -arte abstracto que no se debía a un mero intento de ornamentación geométrica, simétrica y reiterada, sino a la disposición perfectamente deliberada de composiciones abstractas, de idéntico tamaño, jamás repetidas, vistas cada una como un valor plástico completo, independiente y cerrado -. No es necesario ser guiado por un excesivo amor a nuestra América, para reconocer que en las pinturas que adornan el templo de Bonampak, en Yucatán, se nos presentan figuras humanas en escorzos de una audacia desconocida por la pintura europea de la misma época - escorzos que se aparean, con muchos años de anterioridad, con el de un Cristo de Mantegna, por ejemplo. Y eso no es todo: solo ahora estamos  empezando a ahondar en la maravillosa poesía náhualt y estarnos comenzando á percibir el singular y profundo trasfondo filosófico de las grandes cosmogonías y mitos originales de América.

Y eso no es todo. Sin demoramos en ejemplos que podrían multiplicarse al infinito, desde los días de la Conquista y de la Colonia, vemos afirmarse, de cien maneras, la originalidad y audacia del hombre americano en obras de muy distinto carácter Es aquí, en este continente nuestro, donde jamás entraron el románico ni el gótico, donde la arquitectura barroca halló sus expresiones más diversas y completas - en México, a todo lo largo del espinazo andino- con el e de materiales policromos, el uso de técnicas perfeccionadas por el artesano indio, que desconocieron los arquitectos europeos. Es aquí en este suelo, donde, con las interrumpidas sublevaciones de indios y de negros (desde los tempranos días del siglo XVI con los comuneros de la Nueva Granada, con la gesta de un Tupac Amaru, hasta alcanzarse los tiempos de nuestras grandes luchas por la independencia, se asistió a las primeras guerras anticoloniales - pues fueron fundamentalmente guerras anticoloniales- de la historia moderna... Y, por andar a saltos, sin detenerme en tal o cual muestra de nuestra originalidad, cabría recordar, en este año que se ha denominado “Año de la mujer”, que el primer documento energéticamente feminista resueltamente feminista (‘documento en que para la mujer se reclama el derecho de acceso a las ciencias, a la enseñanza, a la política, a una igualdad de condición social y cultural opuesta al “machismo” que harto se contempla en nuestro continente...) - ese documento se debe (en 1695,) a la portentosa mejicana sor Juana Inés de la Cruz- autora, sea dicho de paso de poemas “negros” que, por el acento, se anticipan de modo increíble a ciertos poemas de Nicolás Guillén, el gran poeta a quien escucharon ustedes, hace poco, en este mismo paraninfo.

Mucho, mucho, mucho, podría hablarse de todo esto. Sobran ejemplos gratos de citar. Nuestros libertadores, nuestros maestros en el pensamiento, nos han legado millares de páginas colmadas de observaciones, de análisis, de consideraciones, de advertencias, que nos dejan atónitos por su actualidad, por su vigencia, por lo que de aplicable tienen para el presente ahora que, disponiendo de un instrumental analítico que ha transformado la historia en una ciencia, podernos considerar el pasado desde nuevos ángulos, comprobando verdades que habían pasado inadvertidas para nuestros mayores, es cuando el hombre-ciudad-siglo-XX, el hombre nacido, crecido, formado, en nuestras proliferantes ciudades de concreto armado, ciudades de América Latina, tiene el deber ineludible de conocer a sus clásicos americanos, de releerlos, de meditarlos, para hallar sus raíces, sus árboles genealógicos de palmera, de apamate o de ceiba, para tratar de saber quién es, qué es y qué papel habrá de desempeñar en absoluta identificación consigo mismo en los vastos y turbulentos escenarios donde en la actualidad se están representando las comedias, dramas, tragedias - sangrientas y multitudinarias tragedias - de nuestro continente.


 

[1]  Tomada de CARPENTIER Alejo. La novela latinoamericana’’ en Vísperas dentro siglo y otros ensayos. Siglo XXI. México. 1981.

 

 

1)                   ¿Qué es lo que marca la diferencia para A. Carpentier entre el europeo y el hombre latinoamericano?

 2)                   Establecidas las diferencias, ¿cuáles son las preguntas que  determinan la problemática con respecto al tema?

3)                   ¿Cuáles son las dos actitudes que el autor determina como negativas que se intentaron en el pasado para dar respuesta al problema planteado? ¿A quiénes se hace referencia?

 4)                   ¿Qué ejemplos da el autor que convalidan la actitud correcta para la solución del problema?

 

5)                   ¿Cuál es el hecho que es necesario conocer para llegar a la solución que propone el autor?

 

6)                   ¿Qué propone hacer para la solución del problema?

  

7)                   ¿Cuál es la conclusión de Alejo Carpentier en torno al tema de Conciencia e Identidad de América?

 

8)                   Resuma en pocas palabras el problema y la solución planteada en torno a Conciencia e Identidad de América.

 

 

 

1)       “Los hombres de Europa nacieron, crecieron, maduraron, en función del concreto armado....Mientras el hombre de Europa nacía, crecía maduraba, entre piedras seculares, edificaciones viejas...el latinoamericano nacido en los albores de este siglo...empezaban a agigantarse, a extenderse a elevarse...” El hombre latinoamericano formó parte del espectáculo, en cambio el hombre europeo se encontró con una realidad ya hecha.

2)       Hay que ver ahora lo que habrá de representarse, si comedia, drama o tragedia- en el vasto teatro de concreto armado.

      ¿Con qué actores habremos de contar ¿Quiénes serán esos actores? ¿Quién soy yo, qué papel seré capaz de desempeñar?

3)       Rechazar la afirmación de que están todos los enigmas despejados de nuestro pasado precolombino; y rechazar un mirador único de una devoción que excluía todo enfoque crítico sin el intento de relacionarlos, por encima del tiempo, con lo inmediato y contingente.

  

4)        

a.       La perfecta culminación de arte abstracto en el Templo de Mitla, en México.

b.       La audacia desconocida por la pintura europea en la misma época en las pinturas que adornan el templo de Bonampak, en Yucatán.

c.       El singular y profundo trasfondo filosófico de las grandes cosmogonías y mitos originales de América.

d.       Empleo de materiales policromos, el uso de técnicas perfeccionadas por el artesano indio, que desconocieron los arquitectos europeos.

e.       Las primeras guerras anticoloniales, desde las interrumpidas sublevaciones de indios y de negros (principios del siglo XVI), con los comuneros de la Nueva Granada, con la gesta de Tupac Amaru, hasta alcanzarse los tiempos de nuestras grandes luchas por la independencia, fueron las primeras guerras anticoloniales de la historia moderna.

f.         El primer documento energéticamente feminista (documento en que para la mujer se reclama el derecho de acceso a las ciencias, a la enseñanza, a la política, a una igualdad de condición social y cultural...)

 

5)       Hipótesis: nuestra historia es una historia distinta: por el más sensacional encuentro étnico que se haya registrado jamás en nuestro planeta: encuentro del indio, del negro, y del europeo de tez más o menos clara, destinados en adelante, a mezclarse, entremezclarse, establecer simbiosis de culturas, de creencias, de artes populares, en el más tremendo mestizaje que haya podido establecerse nunca. No puede decirse que tenemos que ser originales cuando ya lo somos...

 

6)       Propone (Método, el cómo): conocernos a nosotros mismos en la originalidad que otorga esa diferencia.

 

7)       El hombre nacido en estas latitudes tiene el deber ineludible de conocer a sus clásicos americanos, de releerlos, de meditarlos, para hallar sus raíces, sus árboles genealógicos...para tratar de saber quién es, qué es y qué papel habrá de desempeñar en absoluta identificación consigo mismo...  

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http://www.garciabacca.com/libros/simonrodriguez1.html  Simón Rodríguez Maestro del Libertador Simón Bolívar