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JUANA INES DE ASBAJE Y RAMIREZ DE SANTILLANA

 

Documentos en PDF

Carta Atenagórica Carta de la Madre Juana Inés de la Cruz, religiosa del convento de San Jerónimo de la ciudad de Méjico, en que hace juicio de un sermón del Mandato que predicó el Reverendísimo P. Antonio de Vieyra, de la Compañía de Jesús, en el Colegio de Lisboa.
El Divino Narciso Obra de teatro de Sor Juan Inés de la Cruz
 

 

Nace a las 11:00 de la noche del viernes 12 de noviembre de 1648* en San Miguel Nepantla, jurisdicción de la Alcaldía Mayor de Ozumba, Provincia de Chalco, en la Nueva España (*Otros autores datan la fecha de nacimiento en 1651). Hija de la criolla Isabel Ramírez de Santillana, quien nació en la Villa de Yecapixtla, al sur de Nepantla. El padre de Juana, el español capitán Pedro Manuel de Asbaje y Vargas Machuca, vasco, nativo de la Villa de Vergara, Guipúzcoa. El llegó a Yecapixtla, ya casado, donde conoce a doña Isabel, con quien tuvo tres hijas, la primera de ellas, Josefa.





verdadero retrato
Verdadero retrato de Sor Juana. Convento de Santa Paula y San Gerónimo de Sevilla, España.

 

El abuelo materno de Juana, don Pedro Ramírez, tenía alquilado (por el Convento de Sto. Domingo de México) un sitio de ganado menor (en el paraje de Papatoloyan), y cerca de allí Pedro M. Asbaje adquirió una hacienda, donde mandó construir una casa de piedra volcánica en lodo, en el paraje de Tlatelpa. En el cuarto conocido como "La Celda", nació su segunda hija, Juana Inés de Asbaje y Ramírez.

 

 

 

 


 

Iglesia de San Vicente

Días después la llevan a bautizar a la iglesia dominica de San Vicente Ferrer Chimalhuacán, la más cercana a Nepantla (este templo se ubica en el actual municipio de Ozumba, Estado de México, a 12km de Nepantla, por la carretera Cuautla-Amecameca).

 



 

         

 


Panoayan
Hacienda de Panoayan.
Fotografía de Sergio March.

Desde pequeña, ya daba muestras de su gran inteligencia y capacidad de memorización. A los tres años y habiendo nacido su otra hermana, María, su padre abandonó a la familia, por lo que las tres niñas y su madre partieron a la Hacienda de Panoayan (cerca de Amecameca), propiedad de don Pedro Ramírez desde 1534.

Como en esa época sólo asistían hombres a los pocos colegios que había en la región, existían maestras llamadas "amigas", quienes daban clases particulares de lectura, escritura y matemáticas básicas. Doña Isabel envió a su hija mayor, acompañada de Juana, con una de ellas, a Amecameca. A pesar de su edad, Juana absorbió las lecciones dadas a su hermana y pidió a la maestra que también se las diera a ella, pretendiendo que doña Isabel así lo mandaba. En un par de años, Juana ya sabía leer, escribir, contar y bordar.

 


retrato por J. Sánchez
Retrato de Sor Juana por J. Sánchez.

A su vez, las constantes lecturas con su abuelo, la enriquecen de mayor conocimiento. Don Pedro Ramírez contaba con numerosos volúmenes de temas diversos. Por otra parte, Juana se crió con los hijos de los sirvientes y esclavos de la hacienda, de origen indígena y mulato respectivamente, captando sus lenguas nativas.

 

       

 

 



retrato por J. de Miranda

Fragmento del retrato de Sor Juana por Juan de Miranda.

 

Entre los seis y siete años de edad, Juana inocentemente pide a su madre que la vistiera de hombre para poder asistir a la Real y Pontificia Universidad de México, solicitud negada. A los ocho años ganó un libro como premio por escribir y declamar su primer poema: "Loa al Santísimo Sacramento", con motivo de esa fiesta en Amecameca.

Al ver doña Isabel (una mujer iletrada) los dones e inquietudes de su hija, ya de once años, y por el ambiente no tan propicio para su formación, decide enviarla a la Ciudad de México, capital y máximo centro cultural del Virreinato, donde vivían sus tíos maternos: María Ramírez de Mata y Juan de Mata.



 

Catedral
Catedral de la Ciudad de México a finales del
siglo XVII. Autor anónimo.

 

Además, había otros factores que afectaron a Juana: la muerte de su abuelo y los amores que tenía doña Isabel con el capitán Diego Ruiz Lozano, originario de Cholula, con quien tuvo tres hijos. Esto provocó un rechazo evidente y preocupante de la niña hacia su madre.

El acomodado don Juan de Mata tenía una biblioteca con obras de Calderón y Góngora, historias de las Indias, libros en latín, etc., los cuales lee Juana. Además, el bachiller Martín de Olivas le daba clases particulares de latín. Por si fuera poco, le eran prestados y obsequiados más libros: de gramática, teología, física, astronomía, matemática, retórica, mitología, música y literatura española, griega, latina, italiana, francesa, hebrea y portuguesa. Aprendió a leer el vascuence, el portugués y el náhuatl.



retrato completo Retrato de Sor Juana por Juan de Miranda.

 

Era tanta su devoción por el estudio, que rechazaba comer queso, pensando que la volvería tonta. También se cortaba el cabello, con medida de cuatro a seis dedos, para que cuando volviese a crecer, si no sabía tal o cual cosa que se había propuesto a aprender, se lo volvía a cortar como castigo: "Sucedía así que él crecía aprisa y yo aprendía despacio, y con efecto le cortaba...que no me parecía razón que estuviese vestida de cabellos, cabeza que estaba tan desnuda de noticias, que era más apetecible adorno". Tenía un espíritu inquieto, a tal grado que descubre a escondidas la verdad acerca de sus padres, lo cual la deprime mucho. Por su enorme facilidad para escribir versos, mucha gente le encargaba poesías para diversas ocasiones. Así, casi el único poema que debe haber escrito por gusto propio es "Primero Sueño", en cuyos 993 versos expone las situaciones que más le intrigaron.


 


Virrey de Mancera
El virrey de Mancera.
Autor anónimo, 1664.

 

Su fama como poetisa y su belleza llegaron hasta los recién llegados virreyes en 1664: don Antonio Sebastián de Toledo, Marqués de Mancera y doña Leonor Carreto de Toledo, a quien Juana llama "Laura" en sus poemas. Los parientes de Juana Inés aprovecharon sus influencias para colocarla en la corte del virrey, para que por un lado gozara de sustento y protección y por otro pudiera desarrollar sus dones. Tiempo después acepta el honor de ser la dama más querida de la virreina.

Los miembros de la Corte no están de acuerdo de que una mujer invada sus dominios. Incluso los canónigos aseguran que Juana está inspirada por el demonio. Entonces el virrey invita a cuarenta sabios de la Universidad para examinar a la muchacha y así se aclararan sus dudas (si no fuera por los virreyes, Juana sería inmediatamente capturada por la Inquisición). Juana Inés, de 17 años, contesta a todas sus preguntas con éxito.



retrato por F.Corzas
Retrato de Sor Juana por Francisco Corzas

 

Su vida en la Corte, sin embargo, no es fácil. Por una parte, no se siente libre por estar alternando con los cortesanos y por otra, tiene que acceder a peticiones de poesías para evitarse enemistades y odios. En pocas palabras, era admirada y al mismo tiempo perseguida, por su inteligencia y belleza.

Al ver esta situación y el hecho de que los virreyes serían prontamente sustituídos, Don Antonio Núñez de Miranda, jesuita y confesor suyo, la convenció de entrar a la vida religiosa. Además, Juana sabía que las únicas opciones para la mujer de su época eran el matrimonio o el convento. Esta última era la que le permitiría concentrarse en sus estudios y no vivir en la sumisión. Por si fuera poco, su origen ilegítimo no era bien aceptado para el casamiento.



 

escudo de Sor Juana
Escudo de Sor Juana, por Lorenzo Rafael Cox, inspirado en una lámina del siglo XVII, original del grabador español don Lucas Valdés.

 

Ingresó, pues, al al convento de San José, de las Carmelitas Descalzas, el 14 de agosto de 1667, a los 19 años de edad. Sin embargo, enfermó por el rigor de la orden y salió el 18 de noviembre del mismo año. Quince meses después, el 24 de febrero de 1669, entra al convento de San Jerónimo, tomando el nombre de Sor Juana Inés de la Cruz. La virreina le consigue una dote con Pedro Velázquez de la Cadena, pariente lejano de la joven.

Su nueva vida conventual era disciplinada, pero no muy rígida, por lo que Sor Juana tenía oportunidad de conversar con intelectuales (entre ellos don Carlos de Sigüenza y Góngora) y a veces con los virreyes. Aprende a cocinar, creando sus propias recetas. Entra como corista, e incluso escribe un tratado teórico sobre música, llamado "El Caracol". Es contadora del convento por nueve años y encargada del archivo. Compone villancicos y continúa con la poesía por encargo de las monjas. Desde el Viejo Mundo le envían instrumentos musicales y científicos para sus experimentos. Casi no duerme por hacer estudios astronómicos.

 

portada de un libro de villancicos

 

En 1673, los virreyes de Mancera se van, pero con la llegada de los nuevos gobernantes en 1680 (el Conde de Paredes y María Luisa, Marqueses de la Laguna), se crea una nueva amistad. A la virreina la llama "Lysi" en sus poemas y Sor Juana misma se autonombra "Julia". Por su parte, la virreina, "Laura", muere antes de partir a España, en Tepeaca, lo cual entristeció mucho a Sor Juana.



 

         

Portada del Neptuno Alegórico

 

Con la llegada de los virreyes, se convoca a un concurso de poesía, el cual gana Sor Juana, con su obra "El Neptuno Alegórico". Cuando cambian a los Marqueses de la Laguna, María Luisa le promete a la poetisa que publicaría sus obras en España (con el nombre de "Inundación Castálida"), donde tiempo después la llamarían "La Décima Musa", "Fénix de América" y "Glorioso Desempeño de su Sexo". No obstante, la ayuda de la virreina desaparece con la muerte de su esposo.



 

Obispo Manuel Fernández
Retrato del obispo Manuel Fernández de Santa Cruz.

 

Llega en 1689 el nuevo arzobispo: Francisco de Aguiar y Seijas, antifeminista y exageradamente moralista, quien prohibe obras de teatro, peleas de gallos y corridas de toros. Pero los verdaderos problemas comienzan con el obispo de Puebla: Manuel Fernández de Santa Cruz, aparente amigo se Sor Juana. A la cual cierto día le pide hacer por escrito sus comentarios acerca de un sermón del jesuita portugués Padre Antonio Vieyra, escrito cuarenta años atrás. Sor Juana valientemente demostró los errores de Vieyra acerca de "las finanzas del Amor de Cristo" y defendió las posturas de Sto. Tomás, San Agustín y San Crisóstomo. El obispo Fernández, sin consultarle a Sor Juana, publica el escrito como "Carta Atenagórica", provocando escándalo entre toda la comunidad religiosa.


En julio de 1641 en la Ciudad de México comienzan a desatarse fenómenos naturales que crean pánico en la supersticiosa gente por ser malos augurios: granizadas que provocan inundaciones y enfermedades, un eclipse solar y la plaga del gorgojo, que destruyó cosechas. Esto a su vez causó hambre y descontento entre la población, que respondió a la autoridad con violencia.

 

         

retrato por A.Larios
Sor Juana Inés de la Cruz, por Adriana Larios.

 

Mientras tanto, Sor Juana es sorprendida por la respuesta del obispo Fernández, bajo el nombre de "Sor Filotea de la Cruz". En la carta, critica duramente a la monja: "Lástima que un tan grande entendimiento, de tal manera se abata a las rastreras noticias de la tierra". Califica de pecaminosas sus aptitudes y conocimientos. Seis meses después de haberlo meditado bien, responde al obispo defendiendo los derechos de la mujer a tener acceso al saber. De cualquier forma, Sor Juana duda de sí misma y se deprime. La situación empeora cuando el obispo Aguiar la presiona a arrepentirse. Ella, a sus 44 años, ora, ayuna y se flagela sin medida. Regala al obispo sus libros, sus instrumentos y demás valiosos documentos para ayudar con su venta a los pobres.

 

firma de Sor JuanaAcaba por hacer una confesión general y luego, ante el Tribunal Divino, pide perdón y firma con su propia sange: "He sido y soy la peor que ha habido. A todas pido perdón por Amor de Dios y de Su Madre, yo la peor del mundo, Juana Inés de la Cruz". En otra protesta dice: "La más indigna e ingrata criatura de cuantas crió vuestra Omnipotencia, y la más desconocida de cuantas creó vuestro Amor".

Tras el azote de una epidemia de tifoidea que llegó hasta el convento, Sor Juana se empeñó en cuidar a las enfermas, cayendo víctima de la peste. El 17 de abril de 1695, a las 4:00 am, muere. Fue sepultada en la fosa común de las monjas.